La clase del pasado 9 de febrero empezó con una frase de Gandhi que me dejó pensando bastante: "Si hay armonía entre lo que dices, lo que piensas y lo que haces, entonces aprenderás a ser persona". Me parece una de esas lecciones que van mucho más allá de la carrera, es casi una filosofía de vida. Al final, para ser un buen profesor, lo primero es ser coherente con uno mismo. No podemos intentar enseñar nada a los alumnos si nosotros mismos no tenemos esa integridad entre lo que pensamos y lo que acabamos haciendo.
Siguiendo con este rollo de que lo humano va siempre por delante, estuvimos debatiendo sobre algo que a veces se nos olvida: las tecnologías no actúan solas, las movemos las personas. A veces parece que hay una obsesión por llenar las clases de tablets y ordenadores (lo que llamamos "ferretería escolar") sin darnos cuenta de que la máquina no educa por arte de magia. Lo que de verdad importa hoy en día no es el recurso que uses, sino cómo nos conectamos y cómo aprovechamos eso para aprender mejor.
También analizamos el papel del tutor y lo importante que es ir de la mano con las familias para que la educación funcione de verdad. Por último, cerramos hablando de la evaluación, y la verdad es que me mola mucho que el enfoque sea formativo. En vez de jugárselo todo a un examen final, este modelo nos hace ver nuestro progreso día a día. Además, eso de que todos evaluemos y seamos evaluados me parece un puntazo, te hace ser más responsable de tu trabajo y te enseña a valorar de verdad el esfuerzo de los demás.
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